A mí alrededor, todo estaba cubierto de verde. Muchas flores y plantas, como un prado. Me encontraba tendida el en suelo, recostada mirando al cielo. De pronto, una voz angelical alumbro mi camino, era el mismísimo Edward Cullen pero esta vez parecía todo un verdadero ángel. Me hablaba desde un sitio que parecía muy lejano, no se escuchaba ahi mismo. Me llamaba, quería que valla por el. Su voz de ángel, no me dejo resistir y camine por el camino iluminado por su voz hacia donde ésta indicaba.Estaba llegando, oía su voz cada vez mas cerca, pero esa dulce voz, fue tapada por un grito:-Linsay, es la hora del almuerzo.Era mi madre. Me había roto el sueño, y despertado. No me quedaba otra cosa que de mala gana ir a almorzar. Luego de haber leído Crepúsculo, y un sueño muy largo y placentero ya no estaba más cansada y había dormido lo suficiente como para estar de buen humor todo el día, a no ser que mi madre me arruine otro hermoso momento como ese - reí para mi misma -Me levante con sumo cuidado. Un frío recorrió todo mi cuerpo haciéndome tiritar. Iba a volverme a la cama, con mi frazada y colcha calientes pero no me podría levantar si lo hacia, así que agarre la primer campera que encontré y me envolví con ella.Me puse las pantuflas, y fui a la cocina.- Todavía falta un poco para el almuerzo, así que si quieres puedes cambiarte.Fui corriendo a mi pieza de inmediato, me metí en el baño, abrí el agua caliente y me metí bajo la ducha. Ahora se sentía mucho mejor, no tiritaba más. Me quede bastante tiempo bajo el agua hirviendo muy cómoda, mientras enjuagaba mi enmaraado pelo y le pasaba enjuague. Lo desenrede e intente hacer un poco de tiempo bajo el agua.
Como ya no pude estar mas, salí, me envolví en una toalla con mucho frío y ya seca, volví a mi cuarto a cambiarme.Agarre lo primero que encontré, una blusa larga color verde con un pantalón jean amarillo, unas zapatillas con unas gruesas medias también blancas, una campera abrigada y me peine el cabello, adornándolo con un lazo terminado en moño también color verde. Esta vez si estaba la comida. Era una exquisita tortilla, con zumo de naranja. Comí lentamente, bastante despierta a causa del baño.
···
La semana pasó rápidamente. En un abrir y cerrar de ojos ya era domingo y el lunes empezaba las clases. La verdad era que no tenia ganas, pero la suerte era que tan solo me quedaban dos años y después podría elegir entre que estudiar, y no pesaría tanto sabiendo que seria algo que me gustara.
Preparé todos mis útiles y cosas el ultimo día, sin muchas ganas. Hice una especie de collage con varias fotos recortadas de revistas de actores, sobre una cartulina blanca y forre las carpetas. No habían quedado tan mal a pesar de mi mala predisposición para hacer cosas de la escuela.
La cartuchera, era la del año pasado. Una color violeta con varios lápices y lapiceras.
Metí todo en una mochila naranja con varios cierres, y lo deje para el otro día.
La ropa, sinceramente era la del año pasado. No había tenido ganas de comprar nueva y tampoco lo necesitaba, ya que, con lo cuidadosa que era mi madre estaba impecable y toda me entraba.
Agarre una campera del uniforme (color verde y blanco todo), una remera, un jogging y unas zapatillas y las apile en el extremo de la cama.
Ahora si, con todo guardado y ordenado, podría pensar en hacer cualquier cosa.
Eran las 6 de la tarde, no me quedaba nada para hacer pero tampoco quería que pase rápido el tiempo para no empezar las clases. Solo quería “matar” el tiempo.
Ese año lo veía con otra claridad. No estaba tan deprimida por el comienzo de clases, como otros años. Algo parecía que iba a cambiar... pero era tan solo un presentimiento.
En realidad, estaba teniendo varios presentimientos últimamente... Como que me iba a hacer nuevos amigos, iba a conocer nuevas cosas, iba a ser más... Feliz ese año.
Aunque tan solo era una suposición, o así parecía.
Lo que restaba del día paso rápido. Pensando en mis compañeras que hacia bastante que no veía, clases divertidas, además el lugar donde estaba la escuela era hermoso. Tenía un gran parte, con árboles y hamacas, que eran realmente preciosas, y en invierno, era totalmente un sueño. Ahora que lo pensaba, no estaba tan mal el colegio.
La nieve que caía, y encima en esa hamaca soñada... todo era espectacular, siempre y cuando no haya que estudiar.
El día termino, comí unos simples fideos y dormí placidamente. Me levante a las ocho de la mañana con mucho sueño, aunque había dormido bastante. Me di una rápida ducha y me cambie para ir al colegio.
Capítulo 15: Reflexiones.
Hace 16 años.






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