Llegue muy tarde y cansada a la casa, así que decidí darme una ducha rápida e irme a dormir. Al otro día me levante muy temprano y fui a la academia. Quedaban unas pocas semanas para terminar, y al fin buscaría trabajo. Hasta ahora podíamos mantenernos todas con el trabajo de Nataly, pero a ninguna nos gustaba, por lo tanto cuando termináramos de cursar y trabajáramos le íbamos a pagar nosotras por unos meses, incluso un año. Le debíamos muchísimo.
Había empezado hace poco a leer Amanecer y ya la estaba terminando, así que en cuanto tuve algún recreo entre clases, me recostaba sobre uno de los bancos al sol del parque de la academia, y continuaba leyendo. Ese día pude terminarlo. Por suerte nada malo le pasaba a ningunos y terminaban felices y juntos.
Estaba feliz, pero antes de dormirme, mientras me acostaba, me puse a pensar…
Sentía que en mi vida faltaba algo, como que no estaba completa y me faltaba una cosa para completarla. Algo que me llenaría de felicidad, y la cambiaría. Algo que la haría mejor, mas divertida.
Las dos semanas esas que me quedaban de clases pasaron muy rápido. Tan solo faltaba un día para terminar, y recibirme completamente. Terminaba una etapa en mi vida, la etapa que me quedaba de muchacha, para pasar a ser una mujer, para empezar a pagarme la vida, trabajar… crecer.
Ese día sería la clave de mi vida. No iba a depender más de mis padres, o ahora de Nataly para vivir. Tendría que vivir de mí solamente, independizarme. Que cosa, no? Siempre había soñado eso… tener casa propia, ser grande. Y cuando estas a punto de conseguir todo lo que querías, queres volver a la infancia. Esa infancia donde no pasa nada, ni hay preocupaciones. Donde tus papas te dicen que hacer, y no sos tan libre, pero donde no tenes temores, no tenes nada en que pensar, ni tenes maldad. Donde sos solo un niño que juega y la pasa bien. Porqué había que crecer? Porque no podría quedarme para siempre siendo una niña que no tiene males y jugando a las muñecas?.
Esta era otra etapa. Ahora se venía una nueva, donde hay que preocuparse en ganar dinero para comer, en trabajar para poder mantenerte, en ser el jefe de una casa, o de una familia. No sos más ese niño indefenso que juega y se divierte, te convertís en un adulto con responsabilidades y cosas en que pensar. Las veces que decía – Pobre mama, tiene complicaciones en el trabajo… o con las cosas. Empezas a tener preocupaciones, responsabilidades, tu vida entera cambia, hace un giro de 180°.
En fin… chiquitita. Quien no quiere continuar siendo, por siempre chiquitita?
Formar una familia… es otro cambio. Con más preocupaciones, pero mas disfrute. Eso era lo que quería. Descubrí lo que me faltaba. Quería formar una familia, encontrar el amor, casarme, tener hijos. El sueño de toda mujer! Eso era lo que me faltaba, esa era la otra mitad de mi vida, lo que la alegraría.
Por un momento, mi mente empezó a vagar. Me vi a mí, más grande, con un muchacho de la mano, y niños adelante nuestro. Estábamos en la plaza, jugando. Me veía feliz… completa. Los chicos eran una nena y un nene, con el pelo uno castaño como yo, y otro rubio como mi esposo. Era primavera, y la plaza estaba llena de flores y color, era pura alegría. Ojala la vida fuera toda una alegría. Pero después cambió la imagen en mi cabeza. Me veía grande, ya anciana, arrugada y sentada en un sillón rodeada de nietos pequeños, no, no, no. Cambié yo misma de visión, me hacía mal pensar en eso, siempre le había tenido algo de miedo a la muerte, por algo no quería crecer… La vida es ilógica. Dejé mi cabeza vagando por ahí en cosas lindas, hasta que me quedé dormida. El proximo sería el último día en la academia e iba a ser largo.
Capítulo 15: Reflexiones.
Hace 16 años.






0 Fanáticos:
Publicar un comentario